lunes, 18 de abril de 2011

El dulce de leche y otras yerbas


Una de las cosas mas desestabilizantes para un Argentino, y pienso también para un Uruguayo, que cambia continente de residencia, es la falta de yerba. Si te vas como yo persiguiendo el amor, por un tiempo puede funcionar el: “Yerba no hay, entonces que hacemos?”, y funciona sólo porque vos al dicho lo conoces muy bien, ya que es dificilísimo intentar a explicar en italiano el sentido del viejo chiste, el por qué de las opciones, si no hay esto, entonces lo otro, y por qué eso otro y no otra cosa mas políticamente correcta.

El tema es que después de un tiempo la novedad pasa, y te das cuenta de que el paquetito Taraguí de medio kilo que te habías traído en la valija se está terminando, y no terminaste de darte cuenta, que te ves con el termo lleno sacudiendo del paquete solo el polvillo adentro del mate. Y ese momento, el de la primera vez que se te termina la yerba, es sencillamente desesperante. Es ahí que se te derrumban las certezas. Si extrañás a tu vieja tenés Skype, si extrañás a tu perro te la aguantás, si tenés ganas de asado pensás que te está haciendo bien no comer tanta carne o te conformas con algún bife desabrido. Aprendés a hacer tapas de empanadas, que te salen horribles y no-hojaldradas, pero funcionan igual como cubre-relleno, y te las comés igual. Te sentís verdaderamente sola y lejos cuando terminas tu primer paquete de yerba y no sabés adonde ir a comprar.

Y en aquel momento no había Facebook, así que googlié (adoro los neologismos postmodernos, ya lo dije?) “comprare + yerba + Italia” y la memoria me traiciona en los detalles, pero encontré un sitio donde comprar la yerba por Internet. ¡¡¡¡¡Si!!!!!! Estaba a salvo, debía solo encargar 10 paquetes de un kilo y con eso mi nostalgia estaría a salvo, y casi diría también mi identidad, tan frágil en momentos de transición semejantes.

El tema es que no encontré solo yerba. Encontré también productos que en Argentina nunca hubiera consumido, pero que en ese momento volaron como las hojitas del download de una carpeta a otra. Paso al detalle:

- Tapitas para alfajores de Maizena: eran super crocantes, como no deberían ser, creo que era
la partida de cuando yo iba a jardin de 4 con se señorita Nené.

- Té de boldo la Virginia: ahí me di cuenta que en Italia no hay te de boldo, y viste como es,
donde te das cuenta que no hay, te agarra la necesidad. Y lo compré.

- Alfajores JORGITO y alfajores FANTOCHE, deme dos y dos. Fantoche vaya y pase, pero
¡Jorgito! La primera vez los comí acá.

- Alfajores Havanna, una caja para las visitas (después de media noche yo me convierto en visita
revolviendo las alacenas en la búsqueda frenética por algo dulce).

- Pimentón dulce Alicante: idem té de boldo, y ahí está todavía después de 6 años, intacto.

- Chimichurri Alicante: idem Pimentón.

- Dulce de batata y dulce de membrillo (la lata). Tenían también el batata marmolado, pero ese
no lo compré.

- Inflatable Dulce de leche. Marca “San Ignacio” (?)

No les digo la alegría cuando me llegó la caja, si hubiera sido mas grande me sambullía
adentro a festejar.

Para cuando se terminaron mis provistas iniciales ya me había adaptado bastante, hablaba
bastante decentemente el italiano, y tenía un montón de amigos. La última frase es mentira.
Antés de que eso sucediera sucedió algo mucho mejor.

Paseando entre las góndolas del Carrefour, lugar donde las diferencias culturales se anulan
gracias a la globalización, en un momento me pareció ver un lindo gatito. Algo me hizo chispas
en el ojo, hice dos pasos mas, y decidí volver atrás, miro entre las cajitas de comida china,
salsa picante mejicana, castañas de cajú, y ¡¿¿¿what???? ¡¡¡No lo puedo creer!!! Paquete de medio kilo de Taraguí, rojo, ahí, paradito entre todos los otros, que me miraba como pidiéndome un abrazo. No sé si mis dotes de escritora me consentirán de poder explicarles lo que sentí. Era muchos más que un simple “encontré yerba”, era mas bien un “estoy en casa”, incluír yerba en la lista del super, decir “me voy a comprar yerba, ya vengo”, o: “Traeme yerba cuando vuelvas”.

Fue el inicio de una nueva era.

Después, como siempre sucede, todo fue superado, y econtré trambién un negocio donde compro la Quilmes en botellita, tapas La Salteña hojaldradas para hornear, Bon o Bon y Cabsha, sea bocadito que alfajor, Navarro Correas Malbec y Cabernet, mate, bombilla y termo con piquito vertedor. Chan chan!.

Soy feliz, como uno puede serlo en cualquier lado. Los lugares son todos distintos y en un sentido todos iguales. En todos lados se cuecen habas, en todos lados hay cosas que funcionan y cosas que dan asco, gente para amar y gente para evitar, gente que toca bocina, que llora en el cine, viejos solos con sus perros, perros solos no he visto, ahora que lo pienso. Adolescentes que se ríen, se mandan mensajitos y fuman a escondidas. Mujeres que trabajan, y aman y cocinan, y sueñan y vuelven a empezar. Hombres mas o menos serios, mas o menos alegres, con fútbol 5 los jueves, con una novia, o dos o tres. Y a veces cuando extraño, como por arte de magia aparece mi hijita, me pide un amargo, y me sorprendo una vez mas de cuánto pueda ser simple sentirse en casa.




@_Cronopia

viernes, 15 de abril de 2011

Decadencia oriental en Argentina

Oh! Globalización, la octava maravilla, facilitadora de todas las cosas! Encontraré un Mc Donalds en mi próximo viaje a la India, contactaré vía Web a mi primo italiano, fumaré marihuana jamaiquina, ¡y todo gracias a ti!

Ojo. No lo repitas. Si bien este mundo sin capa de ozono se ha beneficiado con este fenomenoide sociológico de la Era Post Moderna, como siempre en Argentina, al arma de doble filo le sacamos el mango, la agarramos dentro del puño y nos abrimos las palmas de par en par.

Así, nos quedamos a vivir en la trivialidad, el cinco para el peso, la superficialidad. Ni pro - diversidad, ni multifacéticos, ni aggiornados. Los argentinos, en la desesperación por encontrar una identidad cultural que nos quepa (del verbo quepar), nos hemos calzado un kimono hecho en Once, y hemos cambiado la parrilla para dos por una tabla de 20 piezas de Shushi. PESCADO CRUDO. O sea, CRUDO. Sin cocción. ¡Y pensar que en la parrilla de Roberto despreciabas al Bife de Chorizo jugosón…! (Roberto! Lo pincho y hace “Mú”!)




Hasta Bob es ponja...


Y si bien nos seguimos burlando de los japoneses bailando tango, sería una buena idea reflexionar sobre una imagen tan triste como la de mi jefe con su mini cuadradito de arena con el mini rastrillito y los mini surcos, decorando su gran escritorio capitalista.

Cabe destacar a la solterona de la tía Estela, que es una campeona del tiempo libre y está haciendo un curso de Feng Shui. Todos los días viaja al Barrio Chino (Arribeños y Olazábal) a aprender de cómo orientar la King Size para atraer la buena suerte. En realidad ella la orienta para que la espíe por la ventana el vecino del edificio de enfrente. Oscar, un sexagenario medio degenerado que se excita mirando porno HENTAI.

El caso de mi primo Cristian (hincha de Argentinos Jrs) es patético, hace Karate hace varios años. En realidad hace varios años que está anotado pero va cada 15 días… La cuestión es que en cada reunión familiar saca el tema recurrente sobre que es tercer DAN, algo así como que revalidó el título de NEGRO 3 veces. Sos un fenómeno Cristian, seguí así. Encerame y pulime esta (?).

No podemos dejar pasar al cocinero pasado en kilaje del Gourmet, que, presuroso por ocultar su origen porteño, hizo zurcir un mantel blanco de su madre, se ató una corbata en el lugar donde debería haber existido una cintura, se estiró los ojos con dos pedacitos de cinta scotch, y, reemplazando la pronunciación de la “R” por la “L”, nos quiere vender que la “ropa vieja” que está salteando en un sartén con el teflón rayado, es un chop suey. MUELTE.



Cansados hasta el hartazgo está Wikiargentos de los restaurantes onda “Zen” que suplieron la entrada de fritas por los brotes de soja, donde el plato principal está destinado solamente a personas con cinturón gástrico, y donde el monstruo que se llama a sí mismo diseñador de interiores transformó la mesa con dos sillas de toda la vida, en mesas ratonas con almohadones.Qué es esto? La Ciudad de los Niños?


"Todos somos el Chino"

Mi nostalgia melancólica no puede dejar de añorar tiempos más simples en los que mediante un juego de palabras de asociación libre, mi psiquiatra me decía “Cultura Oriental”, y la única respuesta por default era “Tintorería” o “Cámara de fotos”. (Después me ganaba una pastillita de Clonazepán)

Snobismo, superficialidad, comentar a todos tus conocidos cuando gastaste $175 en una cena de Sushi y olvidando que comprás a diario una bolsita de chipás calentitos a la mujer de la estación de tren sólo a $5 por esta puta costumbre (dijera el gran Cacho) de rankear culturas ajenas poniendo a la nuestra en el último lugar de la tabla. Así estamos.


@demuza


@piojor

martes, 12 de abril de 2011

Mènage á trois

-“Si supieras cuánto sufro suplicando en silencio tu retorno”
-“Savanne, stop. No soporto más sensiblerías semejantes.”
-“Es que me siento sola sin tus caricias, estoy desesperada”
-“Salí, mirá el sol, soñá nuevos sueños, en síntesis: suéltame!”


Solían así mandarse sms Savanne y Santiago desde que Santiago se decidió subrepticiamente separarse de Savanne.

Solían. Hasta que Savanne, sorpresivamente, mientras saboreaba un suculento sorbete al sambayón, sentada sobre un sillón en la acera de la sorbetería, buscando así salir del estado depresivo que la poseía, se cruzó con los ojos de Simón, quien solar, simpático y resuelto, la saludó. Una sensación sutil pero sostenida sentía agitarse Savanne en sus vísceras, como anticipando un desenlace al momento desconocido.

Será el sorbete? - se preguntaba Savanne -

No, era Simón que la encendía con su mirada centellante. Se saludaron, sensualmente se sedujeron, abrazados pasearon zigzagueando por senderos secretos de la ciudad, esas cosas que suceden pocas veces, hasta que apasionadamente se besaron, se acariciaron, y en ese específico momento, Savanne sintió una voz que nerviosa, casi satánica, gritaba:

-“Soltadla sátrapa!! Soltadla o te surto!”.

Simón, sin dejar de besar a Savanne susurraba:

-“Salí de acá Santiago, sé bien quien sos vos, egoísta. Hiciste sufrir a Savanne, ahora es y será mía, ella y sus sendos senos”

Savanne no salía de su estupor ante semejante escena. Sinceramente, no sabía qué hacer. Debía ceder a la tentación de satisfacer el egoísta y atrasado deseo de Santiago? O dejarse seducir por la tácita promesa de sexo salvaje que los besos apasionados de Simón le sugerían anticipadamente?

Se tomo un segundo para pensar y susurró:

- “Sabés qué, Santiago, desaparecé de mi vista. Sos un zarpado al presentarte así después de todo lo sucedido entre nosotros.”
- “Segura?”
- “Segurísima. Sacale los dedos de la nariz a Simón, no se lo merece,
sacáselos te digo! Él me hace feliz.”

Santiago obedeció y sollozando desolado tomo distancia, secándose los dos
dedos sobre su sweater celeste.

Santiago obedeció y sollozando desolado tomo distancia, secándose los dos dedos sobre su sweater celeste.

Simón sujetó a Savanne por la cintura y salterelando prosiguieron la busqueda por su recompensa por tan acertada decisión.

Santiago desconsolado llegó a su casa, penso en suicidarse y sujetó un sifón de dos litros, succionando el pico hizo presión hasta que la soda le hizo salir burbujas de la nariz y los ojos. Y Oh sorpresa!! El oxígeno se apoderó de su cerebro y sin esperarlo todo se hizo luz.

Olvidó a Savanne y supo cuál sería su redención, sabiéndo que detrás de una puerta su destino lo espera, otra Savanne, o tal vez una Silvina, Sofía, Samantha o Sara esperaba esperanzada su: Toc toc, Soy Santiago, el Sodero!.

@_Cronopia