lunes, 31 de octubre de 2011

Disney perdió la cadena de frío



Mi vida era plena, yo era feliz con mi trabajo de escritor freesbie, digo freelance. Los fans de Wikiargentos no paraban de invitarme a sus eventos del Facebook. Además, tenía un cosito de metal con pelotitas que se movían en el escritorio, y una taza con mi nombre. Mis vecinos sacaban fotos mientras yo me bronceaba en mi balcón, y las vendían por miles a revistas del corazón (La revista de la fundación Favaloro, entre otras). Mis amigos veían en mí a un ejemplo, y mis conocidos me invitaban a jugar al frontón. Pero hace unos meses, mi superficial existencia dio un vuelco. De la cresta de la ola del éxito, me revolqué hasta la orilla de la depresión mas profunda, raspándome la panza roja por el sol con la arena del fracaso.


Sé que para ustedes también habrá sido duro el que los abandone, como volver a aprender a caminar  solos. Mas no es hasta el día de hoy que puedo poner en palabras esta dolorosa experiencia.

Todo comenzó un domingo lluvioso, cuando, ya aburrido de espiar por la ventana a los desgraciados transeúntes que se resbalaban por culpa del exceso de cera en las veredas de en frente, me decidí a ponerle fin a la tortuga. Digo tortura (no, no maté a Manuelita) y me fui hasta el Blockbuster a alquilarme algo.

Deberían haber visto mi cara de horror (no, no es que vi una de miedo, mucho peor), al descubrir que el local, mi templo, mi lugar en el mundo, mi rincón de luz, (chufa chufa cha), se había fundido. Golpeé las puertas como un loco, cual compradora compulsiva que llega tarde al último día de rebajas en el shopping, pero nadie contestó. Nadie salió a informarme sobre los estrenos de la semana, nadie me ofreció acompañar mi película con palomitas de maíz, (decí pochoclo), nadie me tocó educadamente el hombro para que le mostrara mi mochila antes de salir rápida y sospechosamente sin comprar nada, nadie me consultó qué pasaba con la película que había alquilado dos semanas atrás y no había devuelto. 

Cuántos recuerdos.

Todavía llovía y yo, en un mar de lágrimas (en realidad esa calle se inunda pero así queda más sentido,mas poético), caminaba sin rumbo. Rumbo, mi perro, que cuando llueve no lo sacás del sillón ni con la orden de un juez. Y de pronto lo ví. Arrimado a la pared debajo de un toldito verde musgo, estaba él. Milton, mi fletero amigo, había encontrado una nueva changa. ¿Su real vocación quizás? Quién sabe.
La cosa es que ahí esperaba a que amaine el Miltito, con su manta, y sus devedés piratas. Brillaban las bolsitas de nylon, y dentro, los estrenos más taquilleros, las clásicas, las románticas, las de risa (está hablando deeee...), las de acción. Todas estaban allí. Cada una con su respectiva portada impresa en escala de grises.

Me emocioné y perdí los estribos. Lo abracé y le dije que me llevaba 3 por 20. Una de las elegidas fue del género StalloneSchwarzeneggerVanDammero, otra del género triple P (PeliParaPensar), y otra del género animado (no, no son pelis dicharacheras, están hechas con la compu, gilastrunes). Y ojo, que yo soy muy maduro. El público principal de esta tercer categoría de filmes no son los locos bajitos (estoy hablando de los niños, no de LOS GROSSOS). Sino que la mayoría de las veces están plagadas de chistes con doble sentido. Los chistes son tan complejos que cuando voy al cine a verlas, y algo gracioso pasa, me dan ganas de pelearme con los nenes que se ríen a carcajadas porque sé que no están entendiendo cuál es el chiste real. Presumidos. ¿Qué se traerán entre manos? Además estas pelis tienen un gran guión, manteniendo a los adultos atentos y divertidos. Es por ello que invertí en una de este estilo.

Prosigo. Ya en la comodidad de mi hogar, llegué a la conclusión de que la seleccionada para un domingo de lluvia, sería sin dudas la tercera. El ritual anterior al apretamiento del control remoto sobre el botón Play, es sagrado. Preparé con ansiedad los refrigerios a ingerir durante el film, bajé las persianas para evitar resplandores molestos, moví perro, sillón y puff hasta que quedaron en el ángulo perfecto a la pantalla. Me clavé un ibuprofeno porque “me tiró".

Por último me dispuse a preparar el aparatejo reproductor de DVD, el cual se encontraba guardado en una caja depositada en el estante más alto de la casa. Luego de los estornudos que provocó el polvo acumulado de ese rincón, el paso siguiente era conectar el cablerío. Odisea. 33 agujeritos detrás de la TV, 46 agujeritos detrás del DVD. Y sólo un cable con 3 cabezales de cada lado…

¿Pero que iba a hacer yo? ¿Desesperarme? ¿Esperarme?¿ Llamar a mi hermano que es ingeniero? No
señores! Yo soy un hueso duro de roer. (En realidad de hueso tengo poco, soy más bien de los rellenitos).
Pero en fin. La solución, frente a mis ojos. Eureka! Cada cabezal corresponde a un color! (Lo hubiera
resuelto en un santiamén si Diosito no me hubiera hecho daltónico. Un jodido, sí…)

Persevera y triunfarás decía mi madre (que luego de varios intentos fallidos terminó de hacerme mierda
la PC, por eso la única opción era mirar un DVD). Esa fuerza interior me ayudó en el embrollo, y 30
minutos después me encontraba yo frente a mi LCD súperduper (me faltan 79 cuotas vamoooooooos!),
con un paquete de papas fritas, una cocucha efervescente y refrescante, y chocolates varios, próximo a
disfrutar de un titulo prometedor:

“Las aventuras del pequeño Timmy”

¡Esta gana los Oscar! Dije… y empezó… Pa papa paaaaaaaaammmm (bueno, póngale un poco de
imaginación…)

La película transcurre en el colorido poblado del pequeño Timmy, un chico lleno de pecas, bueno y educado al que sus padres quieren y cuidan mucho. La pantalla chorreaba dulzura y alegría (Ah!, no son
los chocolates, Uh! Manche el sillón). Todo muy emotivo.

Yo me sentía contento y un tanto nostálgico, tanto que había decidido que más tarde llamaría a mi madre para perdonarla por el incidente del virus en mi PC, después de que ella abriera su correo para mostrarme un PPT diviiiiino que le había mandado la tía Martita. (Debería existir una licencia para manejar computadoras; se evitarían unas cuantas peleas familiares)

En fin, en la peli todos seguían cantando y bailando y siendo felices, y hablando con los animalitos del
bosque. Pero de pronto, algo pasó. Enfermos del corazón, por favor no prosigan con la lectura (Ya el
bolsillo no me aguanta para otro juicio).

En la escena, aparece la villana de la historia para arruinarme la tarde. Después, en esta parte, como que perdí el hilo, porque me entusiasmé con el chocolate, pero parece que ésta, que al principio se hace la mosquita muerta, les tira un gualicho a los papás de Timmy y los convierte en babosas. (Aclaración para los que viven en departamento: Las babosas son los homeless de los caracoles)

Es Timmy quien tiene que cruzar una profunda fosa plagada de cocodrilos para encontrar el antídoto antibabosil para sus progenitores.

Lo que sucede a continuación, me marcará para siempre. Cuando el pequeño Timmy está por llegar al otro extremo del endeble puente, su blanco y pequeño piecito se resbala, y Timmy cae a la macabra fosa. Se fractura su piernecilla en tres partes, y, en un solo grito de dolor, pronuncia el nombre de sus padres-babosa, seguido de un “los cuidaré desde el cielo”. Los cocodrilos lo engullen de dos bocados a él y al conejito blanco del bosque, amigo de Timmy, después de hacerle algo horrible a este último con su zanahoria. Los papás de Timmy, al enterarse de la tragedia, deciden terminar con su vida de babosa zambulléndose en un tarro de sal fina. La bruja malvada festeja haciendo un asado en unas parrillas que había en el bosque, y provoca adrede un incendio. El bosque, que resulto ser un parque nacional, prende en llamas con los animalitos dentro (la mayoría ponys de colores y ardillitas) FIN.

Quedé petrificado frente a la pantalla. Hace diez sesiones de terapia que vengo tratando de hablar de
esto, pero me quiebro. Solo puedo decirles que ya no volví a ser el mismo.

Juntemos firmas para que Disney cambie el staff de desalmados, perversos y retorcidos guionistas. Total
sin laburo no se van a quedar, pueden trabajar de asesinos en serie…

Y ustedes, padres y madres, pongan más atención en lo que ven sus retoños. La tele está llena brujas y
brujos malvados que andan haciendo cagadas por ahí.

Eternamente suyo,

Mr. X.