domingo, 18 de diciembre de 2011

Por qué yo que soy tan...


Hace años, diría siglos pero muchos de ustedes quizás no crean en vidas remotas o pasadas que es parecido pero no es lo mismo, que escucho lamentos de mujeres formulados como pregunta retórica comparativa del tipo: “¿Por qué vos que sos tan YY estás con XX, y yo que soy tan ZZ estoy sola?” a la cual, por ser rétorica, si atinás a ofrecer una respuesta, una conjetura, o maleducadamente, otra pregunta, te ligás un sopapo linguístico.

Porque en realidad no quieren la respuesta. Quieren seguir llorando, como Andrea del Boca en Estrellita Mía (casi me da ganas de decirles que encontré una especie de doble sin querer ayer un video en Youtube, no voy a decir el nombre, pero la boquita le temblaba igual con el gesto de desamparada-indignada-honesta-triste).

Así es que me decidí a publicar ésta información preciosa para el bien de la comunidad toda. De paso me desahogo, que no hay nada peor que respuestas atragantadas.

¡Y se va la primera!

“¿Por qué vos que sos tan simple te casaste y yo, que soy super entusiasta, llena de sorpresas y de ganas de aventura, estoy sola?”

Antes que nada, nobleza obliga, tengo que revelarles una verdad vieja como el agua: los hombres aman las cosas simples.

No es necesario ser Mata Hari para descubrir esto, bastaría tener un hermano, un hijo, un padre, algo, y observarlo un poco, un día. El hombre quiere comer bien, tener sexo de vez en cuando, y que se le diga clarito lo que tiene que hacer o no hacer, y que se le respeten sus espacios de recreación.

“SUPER ENTUSIASTA” por ejemplo ya rompe las pelotas perdonando el francesismo.

Super entusiasta y aventurera, en la cabeza de un hombre, es una que no lo deja vivir, que si está mirando el partido le pregunta qué le pasa, en qué está pensando, le muestra la guía turística de Kenia para ir a correr en medio de las cebras porque está demostrado que los tigres, como no sos cebra, no te comen, pero es re adrenalítico igual. Una que el domingo, mientras él todavía metaboliza la resaca del sábado, lo lleva de sorpresa a un puente re copado acá cerca donde sus amigos hacen bungee jumping, y cosas por el estilo.

Mujer que te lamentas: Para todo esto ya tiene el amigo de la secundaria, rebelde, que si hubiera estudiado sería un informático pero como no le importa se hizo hacker.

“¿Por qué vos, que la has compartido generosamente, te casaste, y yo, que sólo la comparto si somos novios novios y no antes de unos meses, y sólo si estoy segura que nos amamos, y en total a 34 años he tenido solo 2 novios novios, estoy sola?”

En realidad se responde sola. Pero ampliamos, porque evidentemente no es tan evidente. El hombre medio argentino quiere que “te hagas” la virgen, no que lo seas. Por arriba del hombre medio están los que no tienen el mas mínimo interés en saber ni mucho menos contabilizar con quien estuviste (digo por arriba porque personalmente quien suscribe los considera mas evolucionados) y los que están por abajo y de verdad las quieren vírgenes no llegan a completar un fútbol 5.

Con éste comportamiento estás sólo limitando catastróficamente tu testeo en pos del mejor candidato, y cuando digo mejor, me refiero al que te haga más feliz.

Mujer que te lamentas: ese perfil corresponde a la hermana o a la madre que un hombre sueña, no a su mujer.

¿Por qué yo, que vivo a empanadas y cerveza, me mantengo sola, arreglo enchufes, destapo vinos, hago asados y cambio la rueda del auto, lijo y revoco, estoy sola, y vos, que te la pasas criando hijos, cocinando al medio día y a la noche, te hacés la que no sabés hacer las cosas para que te las hagan y ganás una miseria en tu part-time estás casada?

Empiezo por el final, mujer que te lamentas: tu perfil corresponde a “la gauchita” y podrías ser su mejor amigo.

Y no me mal entiendas, está muy bien que sepas hacer todo eso, es fantástico y lo digo sin sarcasmo. También a él le encanta que lo sepas hacer. Pero cuando lo tengas cerca, entrá en el juego, es un juego de roles, donde puede ser que a él le encante salvarte, decirte que te quedes tranquila, que superará todo el olvido de la caja de herramientas en lo de mi viejo, y cambiará la rueda si es necesario con los dientes. Sentate ahí en el cordón o en la banquina a mirarlo y tenerle las tuercas.

¿Te suena antiguo?: hay cosas que no envejecen.

Al final, si lo pensás, todos buscamos lo mismo en la vida: un lugar donde nos quieran, nos cocinen algo rico, nos sonrían, y nos hagan sentir importantes, que para competir y sentirse frustrados y para nada indispensables ya está el mundo.

¿Por qué vos tan silenciosa estás casada y yo, que soy una persona con la que se puede hablar de todo, de política, de filosofía, de cultura, ¡hasta de futbol!, que además soy ocurrente y graciosa, estoy sola?

Ya “hablar” es un verbo que, en general, al genero masculino le genera urticaria. “Hablar de todo”, puede también causarle yagas purulentas. A un hombre le basta que llegado el caso verdaderamente necesario de hablar de “algo” no digas una barrabasada, o que tires un chiste sutil. Uno.

Me dirás que hay hombres a los que les encanta hablar de múltiples cosas. Puede ser, pero son pocos (y de esos pocos una gran parte no es heterosexual). Y además, a ese tipo de hombres generalmente les gusta tener alguien que los escuche, no que hable cuanto él (ej: políticos y sacerdotes). Además los momentos para hablar en la vida cotidiana son cada vez más reducidos, y si por educación se dispone a escucharte después de un tiempo, te va a decir: “vos hablá, que yo cierro los ojos pero te escucho” y entrará en modalidad OFF en pocos segundos, de lo cuál te darás cuenta enseguida por la emisión de sonoros ronquidos.

Y no te enojes conmigo, yo estoy de tu parte, y también de la de ellos, estoy de la parte del amor sin exagerados pedidos de renuncia. Un reproche frecuente de las mujeres hacia los hombres es el “yo dejé todo por vos, y ahora esto”. La solución es simple, y ya la conocés, no hay nada que dejar, a lo sumo negociar, andá, corré, recuperá tus amigas, tus hobbies, tus salidas, tus clases de yoga, tus leídas de libros en las noches invierno tapada hasta la nariz, tu carcajada, tus películas favoritas, tus opiniones; cocinale algo rico cuando vuelve, no te cargues de un rol de hombre, dejalo hacer sus cosas, hacelo sentir importante por eso. Recordá que solo un hombre feliz será capaz de darte felicidad. Este es mi deseo de navidad para todos: PAZ y AMOR a lo Cronopia.