jueves, 19 de abril de 2012

Terma


La publicidad dice "Terma, tomala bien fría". Nunca entendí los vericuetos del marketing por elegir para una bebida refrescante, el nombre de algo que es una vertiente de agua caliente y salada.

Pero hoy no vamos a hablar de té frío sino todo lo contrario. Aguas saladas calientes, más conocidas como termas o aguas termales.

En Argentina existen desde la prehistoria pero el boom de aprovecharlo turísiticamente apareció hace pocos años con aguas termales en diez provincias argentinas, pareciera que un mundo de fuego y brasas inunda la argentina subterránea.



No hace mucho, escuché una conversación que me dejó pensando insistentemente al respecto:

- ¡Hola Juan volviste! ¿dónde pasaste tus vacaciones?
- Me fui 15 días a las termas, volví como nuevo.
-(Silencio)

El tipo volvió como nuevo y nuevas dudas crecen como borbollones calientes en nosotros. En primer lugar, este muchacho Juan, claramente está redefiniendo el concepto de "vacaciones".
Playa, chicas lindas, churros, bebidas en coco, choclos con mayonesa, tenedores libres, montaña quizás, escaladas y aventuras. Nada, cero, no suena aburrido, suena aterrador.

¿Qué será "volver como nuevo"? ¿Se creyó lo de Cocoon este boludo?
Yo lo veo más destruido y ganso que antes, algo hay que no entiendo. Quince días un tipo de 40 años, sólo y en una terma. Miedo.

Fin de semana largo, es aceptable, tres días de relax y pedos subacuáticos, suena reparador. Pero dos semanas, los testículos del muchacho acampanan ding dong dang cerca de sus rodillas. Mínimo.

Por lo pronto seguiremos investigando, mientras en Chile no paran de tener terremotos hay una fuerza sobrenatural bajo nuestro país que nos acecha y al menos a mí me intimida.

Hasta la próxima!!

miércoles, 11 de abril de 2012

Fantasma


Todas las noches al llegar a casa, lo primero que mi cuerpo me pide a gritos, es que le saque los zapatos. Acto seguido, le calzo mis superpantuflas versión Oso Panda (colección Invierno 2012 según la Para ti), y lo tiro en el sillón, cual bolsa de tubérculos. Anoche, luego de mi ritual, me predispuse a mirar un documental de apareamiento de focas empetroladas (es uno de los temas que barajo para mi tesis final), pero mientras me concentraba en el chorro de soda, toque de distinción para mi whisky on the rocks, me distrajo el timbre (otra camisa arruinada).

Ciego de ira, me dirigí hacia la entrada para golpear hasta dejar inconsciente al inconsciente que había osado hacerme perder la mejor parte del documental (cuando se casan las focas). Como no veía nada, me tropecé con una caja vieja de pizza, lo cual me enfureció aun más (estaba vacía… Maldita seas!). Pero lo que ví al abrir de par en par la puerta me dejo anonadado. Estupefacto y espantado.

Quien fuera que estaba parado ante mi portal, parecía un ser del inframundo. Llevaba una túnica, oscura como la noche más cerrada del invierno (dejen tontos, no me aplaudan por la prosa maravillosa, que me sonrojo), y una capucha le cubría el rostro. Con una mano esquelética me entregó un sobre que llevaba mi nombre. A estas alturas yo ya me había puesto más pálido que Andrea del Boca en Perla Negra, ya que la certeza de que se trataba de La Parca, vino a mí como una epifanía indígena. Apunto estaba yo, de arrodillarme y llorar a moco suelto, suplicando por mi vida, cuando de pronto el Ama de la Muerte me dijo: “Tomá nene, el señor ese del correo, el buen mozo, me dejó esto para vos.” - Uf!- Suspire. Era la Nonna nomás. Es que desde que el abuelo ya no está entre los vivos (se fue a Don Torcuato a laburar de sereno en un cementerio) está muy desmejorada…

En fin. Ya re-puesto del susto (tuve que tomar varias drogas duras), me dediqué a abrir la carta, mientras unos simpáticos duendecillos cantaban a mi alrededor. A veces me visitan…

Y dice así (y las palmas y arriba y arriba):

“Hola, soy el fantasma del empleado que no llega a fin de mes. En mi vida anterior fui un Indignado español, que murió de hambre en la crisis que nos agolpa. Vengo a advertiros a vosotros, hermanos argentinos, sobre el oscuro porvenir que os acecha, para que evitéis que se cumpla la nefasta profecía. Ah, y tened a bien devolveros los espejillos de colores que os entregamos, porque el oro ya nos lo hemos delirado todo, tantos años yéndonos de tapas y de copas.

Prestad atención.

Recordaréis de seguro esos 3.99 dólares al año que aquella conocida página de Internet que permite bajar videos (Llamémosla P**inga) os ofreció pagar para beneficiaros con una rápida descarga. “¡Que ofertón! Cuánto son 4 dólares Marta? Una ganga!” Pensasteis. Pues yo, el fantasma del empleado que no llega a fin de mes, os aconsejo, os sugiero, os grito en el oído… ¡No lo hagáis, argentinos gilipollas! O resbalaréis por una mórbida fisura legal que ha encontrado el capitalismo post moderno para manteneros cogidos de vuestras gónadas. La trampa comenzará con el cargo de costes adicionales por transacción virtual, más intereses por financiación. (Me lo ha contado un amigo)

Otra tentación que deberéis resistir cual soldado en trinchera, son los aparentemente inocentes cupones de descuento que os han entregado ayer en la acera. Sé que mirasteis al cielo dando gracias por la oportuna llegada del “50 % off en cena para dos”, justo cuando está por venir vuestro aniversario. Pero debo pediros que no dejéis que os obnubile este anzuelo. Llegaréis al distinguido restaurante, presentaréis el papelillo del infierno, os mirarán con desprecio por ser ratas de alcantarilla, y os traerán un bife cortado con una máquina de fiambre. A punto de morir de hambre, os iréis arrastrando hasta el Mc Donald´s más próximo, y, justo antes de morir de inanición, pagaréis 40 pesos por una hamburguesa de invertebrado.

Y eso no es todo. La trampa mas maliciosamente diseñada para dejar a sus usuarios sin un céntimo, son las páginas web de descuento. Encubiertas con nombres que deben haberse inventado por publicistas con un coeficiente intelectual menor a 25, querrán haceros creer que han encontrado la solución a sus problemas financieros. Pero la realidad es que terminaréis adquiriendo cualquier producto innecesario sólo porque lo creeréis barato. Cuidado, mis polluelos consumistas. Estad alerta. Si os descubrís con un abrelatas con lucecillas, una bola de boliche en el medio del dormitorio, y un traje de Elvis Presley para su perro Chispita, habéis comprado de más.

Sed sabios, sed precavidos, y retened mis palabras (estoy defiado padece). De lo contrario, el horror. El acabose. El terror de las pesadillas de los empleados que no llegan a fin de mes. Números rojos fuego, rojos sangre, rojos como ojos de foto mal sacada.

No os olvidéis: El diablo toma formas muy extrañas. ( De rebajas, de dosporunos, de agrandamientos de combo, además de los clásicos forma de medialuna de grasa, de Windows Vista, de letras pequeñas, de kilos post-embarazo, de diva de los almuerzos …)

Suyo,

El fantasma del empleado que no llega a fin de mes.

PD: Los sobrecillos de azúcar en la oficina son de todos.”

Confieso que me sentí un tanto importante al ser yo el destinatario de esta información con revelaciones de interés nacional, y por un momento estuve tentado (me agarró un ataque de risa) de no darla a conocer. Pero mi deber de periodista intachable me obliga.

Claramente el héroe del día soy yo, pero ustedes también pueden difundirlo.

Atentamente, Mr. X.